Diana
Cojo las llaves de casa, el móvil, los apuntes y salgo de casa. Cierro la puerta. Y comienzo a andar. Pero antes de nada, música. Saco el mp4 y empiezo a buscar alguna canción en mi lista de reproducción. Dirty Diana, Michael Jackson. La biblioteca está lejos de mi casa, así que tendré que darme prisa para llegar. Las cinco menos cuarto. Quizás deba llamar a Karen para decirle que llegaré tarde.
-¿Karen?- pregunto.
-Dime, Diana.
-¿Estás ya en la biblioteca?
-Eh.. Casi. Estoy en el chino, que tengo que comprar una cosa. ¿Y tú?
-No. Por eso te llamo. Acabo de salir de mi casa y llegaré allí un poco tarde. Te llamo para que no te alteres, ¿vale?
-Ah, no, tu tranquila. Oye, te dejo, vale? Ahora nos vemos.
-Vale...Adiós.
Que rara está. Ella no suele ser así. En fin...ya me lo contará. Cambio de canción y sigo caminando.
Karen
Demasiados despertadores. No se cual coger. De todos los colores, de todas las formas, de todos los tamaños. Este bazar es gigante y tiene todo tipo de cosas. Y despertadores, más aún.
El rojo es muy bonito, además hace juego con mi cuarto. Si, creo que este es perfecto. Pero el amarillo tambien es precioso, y tiene una forma muy graciosa. No, el rojo. No se.
Me quedo un rato intentando decidirme en aquel mundo de despertadores. Las cinco menos veinte. ¿Llevo media hora intentando elegir un despertador? Qué locura. El rojo. Ya está.
Ahora a pagar. Hay una cola kilométrica. Diana me va a echar una bronca... Cuando Diana se cabrea, que tiemble el mundo. Venga, avanza, avanza. Hay una chica asiática en la caja que desde luego no maneja muy bien la caja registradora. Seguro que es nueva allí, porque tiene a una señora más mayor al lado indicándole lo que tiene que hacer. Menos diez. ¿Diez minutos y sigue la misma chica que estaba pagando cuando yo llegué? Estoy por irme.
Ese chino está en frente de una cafetería que han abierto hace relativamente poco. La verdad es que ponen unos helados muy buenos. Diana, Natalia y yo solemos ir mucho allí. La caja del bazar está junto a la puerta de salida, que da a la terraza de la cafetería, así que me entretengo mirando a la gente comer y charlar bajo la sombra de unas enormes sombrillas con pequeños aspersores de agua. Son muy agradables, sobretodo ahora a finales de primavera, que empieza a apretar la calor. Sino fuese por aquellos aspersores, sería imposible sentarse en la terraza. Hay una chica muy parecida a Natalia sentada en una de las mesas. Muy parecida. No, es ella. ¿Es Natalia? No creo, está sentada con un chico del instituto, Yosef, y Natalia no se junta con él. ¿O sí?
Me vibra el bolso. Alguien llama. Diana, como no.
-¿Karen?
-Dime, Diana.
Pero yo apenas la escucho, miro a la pareja de la cafetería. ¿Sería realmente Natalia?
Diana es demasiado pesada a veces. Dice que va a llegar tarde. Sí, yo también voy a llegar tarde, así que me da igual.
Cuelgo y vuelvo a mirar más atentamente. Sí, es ella. ¡Es ella! ¿Qué hace Natalia con Yosef? Están tomando un helado, mientras charlan animadamente y se ríen. Natalia no les había dicho nada de una cita con Yosef.
En la cafetería donde están Natalia y Yosef...
-¿Qué te vas a pedir?- pregunta Natalia sosteniendo una carta entre las manos.
-No lo se, no tengo ni idea- dice Yosef riendo suavemente.- ¿Y tú? ¿Qué vas a pedir?
-Un helado, eso seguro. Pero no se cuál, hay demasiados. Pff, qué estrés.- dice dramatizando su tragedia.
El chico ríe. Ella se muerde los labios, en un gesto de nerviosismo. Sigue casi igual de nerviosa que al principio, pero ya lo tiene un poco más controlado.
-Pues yo ya se que me voy a pedir. Una copa de frutas del bosque y chocolate, con sirope de fresa y nata.- suelta totalmente decidido.
-Vaya...Pues yo sigo sin saber que pedirme.
De repente, aparece el camarero para tomarles nota.
-¿Saben ya lo que van a tomar?- dice pasando las hojas de una vieja libreta.
-Yo sí. Una copa de helado de dos bolas, una de frutas del bosque y otra de chocolate, con sirope de fresa y nata.
-Aha. Y usted, ¿va a pedir algo?
-Eh...Yo...Lo mismo que él.
El camarero se retira y Yosef empieza a reir.
-Qué originalidad la tuya.- dice
-¿Qué quieres? No me habéis dado tiempo a pensar- dice ella sonrojándose.
-Ya, claro.
Se pasan un rato sin decir nada, hasta que llega de nuevo el camarero con sus copas.
-Aquí tienen.
-Gracias- responden los dos al unísono.
-Tiene muy buena pinta- dice Nati observando la copa.
-Más bueno está- responde Yosef, que ya ha empezado a comer.
-Bueno, no está mal- dice ella riendo.
-Por cierto, ¿ya tienes pareja para el baile de fin de curso?
Este año, el insituto ha decidido celebrar el fin de curso con un baile como en esas películas americanas que le gustan tanto a Natalia, pero a ella eso no le va. Todos los alumnos, emparejados, van arregladísimos al evento y bailan, con sus respectivas parejas, en el gimnasio. Y comen, charlan, bailan y pasan la noche. No era para tanto, es más, no era nada interesante. Al revés, era aburrido. ¿No estaría insuándole que fuese con él al baile no? Este chico se aburre mucho, desde luego, piensa Nati.
-Pues no, no voy a ir.
-¿No? ¿Por qué?- pregunta interesado.
-No me gustan ese tipo de cosas.
-Tienes que ir, no será tan malo.
Mientras tanto, en la biblioteca...
Karen acaba de llegar a la biblioteca, y está esperando a Diana, que no se hace mucho de rogar. Un par de minutos después y ya ha llegado. Ahora les toca empezar a estudiar.
-¿Te has estudiado ya el tema 10?- pregunta Diana, intentando centrarse en los estudios.
-No. ¿Sabes a quiénes he visto en la cafetería?- dice Karen cambiando de tema.
-¿A quién?- ahora la interesada es Diana.
-A Yosef y Natalia, ¿puedes creerlo?
-¿No te has parado a saludar?
-Pues no.
-Tú crees que Natalia y él...
-No creo, Natalia tiene novio, además, no le van ese tipo de tíos.
-Mira, no importa. Ya hablaremos con ella mañana. Entonces, ¿te has estudiado el tema 10 o no?- dice Diana intentando volver al tema inicial.
-No quiero estudiar.
-Pero estamos aquí para eso...
-Pero da igual.
-Vale, entonces, ¿qué hacemos?- Diana se rinde. Ella tampoco quiere estudiar.
-¿Vamos a la cafetería donde estaban Yosef y Natalia? Así saludamos, ¿no te parece?- le pregunta Karen a su amiga con una sonrisita pícara.
-Serás cotilla...Bueno, vale. Vamos.
Karen se ríe al ver a su amiga caer tan fácilmente.
En la cafetería...
-Pues no pienso ir.- contesto yo un tanto molesta, aunque no se por qué.
-Bueno, eso ya lo veremos.- me dice él igual de seguro que siempre.- ¿Tienes algún plan para la noche del fin de curso?
-Si. Karen, Natalia y yo íbamos a pasar la noche en casa de Karen.
-Vaya.
-¿Qué?
-Nada, nada. ¿Qué hora es?- y cambia de tema...
-Las seis y media, ¿por qué?
-Oh, es muy tarde. Yo ya me tengo que ir.
-¿Ya?- digo quizás demasiado alto.
-Bueno, tranquila. ¿Te apetece que quedemos mañana?- NO. Déjame.
-¿Qué? Eh...Vale ¿A qué hora?- tengo la sensación de que siempre digo lo contrario a lo que pienso, no se por qué.
-¿A las seis en el parque?
-Está bien. Hasta mañana.
-Hasta mañana.- se acerca y me da un beso en la mejilla.
Deja un billete de diez euros en la mesa y se va corriendo. Sigo pensando que este tío es demasiado raro. Pero ahora me cae mejor, bastante mejor. No es mala persona, en realidad.
Sigo muy nerviosa todavía, el nerviosismo no me ha abandonado durante toda la tarde. Sinceramente, no se por qué. Pero desde luego, no es porque me guste. No. Solo me cae bien. Punto. Fin del asunto.
Sigo muy nerviosa todavía, el nerviosismo no me ha abandonado durante toda la tarde. Sinceramente, no se por qué. Pero desde luego, no es porque me guste. No. Solo me cae bien. Punto. Fin del asunto.