lunes, 25 de julio de 2011

Capítulo 4: Casualidades.


Diana

Cojo las llaves de casa, el móvil, los apuntes y salgo de casa. Cierro la puerta. Y comienzo a andar. Pero antes de nada, música. Saco el mp4 y empiezo a buscar alguna canción en mi lista de reproducción. Dirty Diana, Michael Jackson. La biblioteca está lejos de mi casa, así que tendré que darme prisa para llegar. Las cinco menos cuarto. Quizás deba llamar a Karen para decirle que llegaré tarde.

-¿Karen?- pregunto.

-Dime, Diana.

-¿Estás ya en la biblioteca?

-Eh.. Casi. Estoy en el chino, que tengo que comprar una cosa. ¿Y tú?

-No. Por eso te llamo. Acabo de salir de mi casa y llegaré allí un poco tarde. Te llamo para que no te alteres, ¿vale?

-Ah, no, tu tranquila. Oye, te dejo, vale? Ahora nos vemos.

-Vale...Adiós.

Que rara está. Ella no suele ser así. En fin...ya me lo contará. Cambio de canción y sigo caminando.

Karen

Demasiados despertadores. No se cual coger. De todos los colores, de todas las formas, de todos los tamaños. Este bazar es gigante y tiene todo tipo de cosas. Y despertadores, más aún.
El rojo es muy bonito, además hace juego con mi cuarto. Si, creo que este es perfecto. Pero el amarillo tambien es precioso, y tiene una forma muy graciosa. No, el rojo. No se.
Me quedo un rato intentando decidirme en aquel mundo de despertadores. Las cinco menos veinte. ¿Llevo media hora intentando elegir un despertador? Qué locura. El rojo. Ya está.
Ahora a pagar. Hay una cola kilométrica. Diana me va a echar una bronca... Cuando Diana se cabrea, que tiemble el mundo. Venga, avanza, avanza. Hay una chica asiática en la caja que desde luego no maneja muy bien la caja registradora. Seguro que es nueva allí, porque tiene a una señora más mayor al lado indicándole lo que tiene que hacer. Menos diez. ¿Diez minutos y sigue la misma chica que estaba pagando cuando yo llegué? Estoy por irme.

Ese chino está en frente de una cafetería que han abierto hace relativamente poco. La verdad es que ponen unos helados muy buenos. Diana, Natalia y yo solemos ir mucho allí. La caja del bazar está junto a la puerta de salida, que da a la terraza de la cafetería, así que me entretengo mirando a la gente comer y charlar bajo la sombra de unas enormes sombrillas con pequeños aspersores de agua. Son muy agradables, sobretodo ahora a finales de primavera, que empieza a apretar la calor. Sino fuese por aquellos aspersores, sería imposible sentarse en la terraza. Hay una chica muy parecida a Natalia sentada en una de las mesas. Muy parecida. No, es ella. ¿Es Natalia? No creo, está sentada con un chico del instituto, Yosef, y Natalia no se junta con él. ¿O sí?
Me vibra el bolso. Alguien llama. Diana, como no.

-¿Karen?

-Dime, Diana.

Pero yo apenas la escucho, miro a la pareja de la cafetería. ¿Sería realmente Natalia?

Diana es demasiado pesada a veces. Dice que va a llegar tarde. Sí, yo también voy a llegar tarde, así que me da igual.

Cuelgo y vuelvo a mirar más atentamente. Sí, es ella. ¡Es ella! ¿Qué hace Natalia con Yosef? Están tomando un helado, mientras charlan animadamente y se ríen. Natalia no les había dicho nada de una cita con Yosef.


En la cafetería donde están Natalia y Yosef...

-¿Qué te vas a pedir?- pregunta Natalia sosteniendo una carta entre las manos.

-No lo se, no tengo ni idea- dice Yosef riendo suavemente.- ¿Y tú? ¿Qué vas a pedir?

-Un helado, eso seguro. Pero no se cuál, hay demasiados. Pff, qué estrés.- dice dramatizando su tragedia.

El chico ríe. Ella se muerde los labios, en un gesto de nerviosismo. Sigue casi igual de nerviosa que al principio, pero ya lo tiene un poco más controlado.

-Pues yo ya se que me voy a pedir. Una copa de frutas del bosque y chocolate, con sirope de fresa y nata.- suelta totalmente decidido.

-Vaya...Pues yo sigo sin saber que pedirme.

De repente, aparece el camarero para tomarles nota.

-¿Saben ya lo que van a tomar?- dice pasando las hojas de una vieja libreta.

-Yo sí. Una copa de helado de dos bolas, una de frutas del bosque y otra de chocolate, con sirope de fresa y nata.

-Aha. Y usted, ¿va a pedir algo?

-Eh...Yo...Lo mismo que él.

El camarero se retira y Yosef empieza a reir.

-Qué originalidad la tuya.- dice

-¿Qué quieres? No me habéis dado tiempo a pensar- dice ella sonrojándose.

-Ya, claro.

Se pasan un rato sin decir nada, hasta que llega de nuevo el camarero con sus copas.

-Aquí tienen.

-Gracias- responden los dos al unísono.

-Tiene muy buena pinta- dice Nati observando la copa.

-Más bueno está- responde Yosef, que ya ha empezado a comer.

-Bueno, no está mal- dice ella riendo.

-Por cierto, ¿ya tienes pareja para el baile de fin de curso?

Este año, el insituto ha decidido celebrar el fin de curso con un baile como en esas películas americanas que le gustan tanto a Natalia, pero a ella eso no le va. Todos los alumnos, emparejados, van arregladísimos al evento y bailan, con sus respectivas parejas, en el gimnasio. Y comen, charlan, bailan y pasan la noche. No era para tanto, es más, no era nada interesante. Al revés, era aburrido. ¿No estaría insuándole que fuese con él al baile no? Este chico se aburre mucho, desde luego, piensa Nati.

-Pues no, no voy a ir.

-¿No? ¿Por qué?- pregunta interesado.

-No me gustan ese tipo de cosas.

-Tienes que ir, no será tan malo.

Mientras tanto, en la biblioteca...

Karen acaba de llegar a la biblioteca, y está esperando a Diana, que no se hace mucho de rogar. Un par de minutos después y ya ha llegado. Ahora les toca empezar a estudiar.

-¿Te has estudiado ya el tema 10?- pregunta Diana, intentando centrarse en los estudios.

-No. ¿Sabes a quiénes he visto en la cafetería?- dice Karen cambiando de tema.

-¿A quién?- ahora la interesada es Diana.

-A Yosef y Natalia, ¿puedes creerlo?

-¿No te has parado a saludar?

-Pues no.

-Tú crees que Natalia y él...

-No creo, Natalia tiene novio, además, no le van ese tipo de tíos.

-Mira, no importa. Ya hablaremos con ella mañana. Entonces, ¿te has estudiado el tema 10 o no?- dice Diana intentando volver al tema inicial.

-No quiero estudiar.

-Pero estamos aquí para eso...

-Pero da igual.

-Vale, entonces, ¿qué hacemos?- Diana se rinde. Ella tampoco quiere estudiar.

-¿Vamos a la cafetería donde estaban Yosef y Natalia? Así saludamos, ¿no te parece?- le pregunta Karen a su amiga con una sonrisita pícara.

-Serás cotilla...Bueno, vale. Vamos.

Karen se ríe al ver a su amiga caer tan fácilmente.


En la cafetería...


-Pues no pienso ir.- contesto yo un tanto molesta, aunque no se por qué.

-Bueno, eso ya lo veremos.- me dice él igual de seguro que siempre.- ¿Tienes algún plan para la noche del fin de curso?

-Si. Karen, Natalia y yo íbamos a pasar la noche en casa de Karen.

-Vaya.

-¿Qué?

-Nada, nada. ¿Qué hora es?- y cambia de tema...

-Las seis y media, ¿por qué?

-Oh, es muy tarde. Yo ya me tengo que ir.

-¿Ya?- digo quizás demasiado alto.

-Bueno, tranquila. ¿Te apetece que quedemos mañana?- NO. Déjame.

-¿Qué? Eh...Vale ¿A qué hora?- tengo la sensación de que siempre digo lo contrario a lo que pienso, no se por qué.

-¿A las seis en el parque?

-Está bien. Hasta mañana.

-Hasta mañana.- se acerca y me da un beso en la mejilla.

Deja un billete de diez euros en la mesa y se va corriendo. Sigo pensando que este tío es demasiado raro. Pero ahora me cae mejor, bastante mejor. No es mala persona, en realidad.
Sigo muy nerviosa todavía, el nerviosismo no me ha abandonado durante toda la tarde. Sinceramente, no se por qué. Pero desde luego, no es porque me guste. No. Solo me cae bien. Punto. Fin del asunto.

domingo, 10 de julio de 2011

Capítulo 3: ¿Nervios? Quizás sea amor.

Tras despedirse de Yosef, Natalia continúa de camino a su casa, donde se encuentra a su hermana pequeña de bronca con su hermano más mayor, Rafael.

-Niña, no inventes, ¡yo no he roto tu muñeca!- dice su hermano indignadísimo por la acusación de Raquel.

-¡Mentira! Claro que has sido tú. Natalia no rompe mis muñecas- salta su hermana defendiéndose.

-Mamá, ¿a qué tú me crees?- pregunta Rafa a su madre, que contempla de lejos la escena.

-Es...difícil. Una niña de seis años contra un hermano quisquilloso que se pasa el día molestándola. ¿Por qué iba a hacer tu hermana eso?

Raquel sonríe ante la respuesta de su madre. Nadie se atreve a contradecir la palabra de una niñita inocente.

-Por fastidiarme, está claro.

-Vamos, Rafa, tienes todas las de perder. No hace falta que lo intentes.- interviene Natalia, que acaba de entrar al salón, donde se desarrolla la escena.

-Ya llegó la otra...- dice molesto Rafa.

-Dejadlo ya, anda, que es hora de comer.- interviene su madre, intentando dejar por zanjada la discusión.- voy a poner la mesa.

Mientras su madre ponía ponía los cubiertos y preparaba la comida, los hermanos se fueron a sus de respectivas habitaciones.

Natalia se tumba en la cama y reflexiona sobre la cita de esta tarde. ¿De verdad de había dicho que sí? ¿A ese chico? Ahora debería pasar toda la tarde con él. Seguro que hablarán de las cosas más elementales. Da igual, prefería no saberlo. ¿Y si le confesaba su amor? No, por favor. Eso sería espantoso. Natalia ya está acostumbrada a esas cosas, pero por alguna extraña razón, con Yosef era diferente. Prefería no tener que pasar por ese mal trago. ¿Y si en realidad a ella también le gustaba él? No. ¿Cómo podía siquiera pensar eso? “Jamás”, se dice a si misma. De todas formas, ella ya estaba con otro chico, y al menos no pensaba dejarlo hasta el viernes, pero viendo el panorama, a lo mejor aguantaba un poco mas. Asi al menos tendria una excusa si a Yosef le daba por confesar lo que siente.

Podría llamarlo y decirle que tiene que estudiar mucho para el examen de inglés de mañana. No tiene su teléfono, mierda. Y tampoco lo tiene en Tuenti. Qué fallo...

Natalia prefiere dejar de comerse la cabeza y bajar a ver los repetidísimos capítulos de los Simpson.

-¡A comer!- grita la madre de Natalia, con un plato de paella en la mano.

En casa de Karen

Voy a echarme un rato antes de empezar a estudiar para el examen final de inglés de mañana. Tengo que poner el despertador, o me quedaré durmiendo toda la tarde. Un momento...¿Y el despertador? Joder, es verdad, tengo que ir a comprar uno nuevo. Entonces tendré que levantarme antes.
Mientras voy a buscar un despertador provisional para la ocasión, suena Party Girl de Mcfly. Es mi móvil. Corro hasta él y lo cojo. Diana.

-¿Si?- pregunto.

-Hola, soy Diana- se escucha al otro lado del teléfono.

-Eso ya lo sabía.

-Tonta- dice muy seria.- ¿Vamos a la biblioteca a estudiar?

-Pff, está bien...- digo en tono de desprecio.

-A mí tampoco me hace ilusión. Bueno, ¿a las seis en la puerta?

-Cinco y media mejor.

-Como quieras. Luego nos vemos. Un beso- se despide y cuelga.

Yo también cuelgo y sigo buscando un despertador.


Cuatro y media. Natalia abre el armario y empieza a rebuscar. El mismo dilema de cada día. No sabe que ponerse. ¿La camiseta de cuadros o la blusa blanca? ¿Pantalones cortos o falda? Así pasa como un cuarto de hora, hasta que encuentra lo que quería: nor de una blusa palabra de honor de color verde con unos pantalones cortos color negro. De zapatos... sus zapatos de cuña favoritos, de color blanco y con una cuña considerable.
Ahora el pelo. Lo plancha y adorna con dos finas trenzas a cada lado. Se maquilla un poco y... perfecta. Sin duda alguna, va perfecta.

Coge su móvil y sale por la puerta de casa.

Mientras camina hacia el parque, se da cuenta de que está nerviosa. No tendría que estarlo, es uno de los muchos tíos con los que ya ha estado. Es probable que este sea el menos importante de todos. Pero aún así, está nerviosa. Muy nerviosa.

A lo lejos, divisa la silueta de una persona. Sí, es él. Más nervios.

Él se da cuenta de que la chica ha llegado y se acerca hasta ella con una sonrisa de oreja a oreja, mostrando sus blancos dientes.

-Hola, Nati- dice el chico mirándola a los ojos.- ¿Qué tal?

-Hola Yosef. Estoy bien, ¿y tú?-dice la chica agachando la mirada. Ahora sí que estaba totalmente nerviosa. No sabe qué hacer. Se apoya en la cancela del parque y mira hacia cualquier lado, menos a él.

-¿Qué te apetece hacer?- pregunta Yosef.

-Eso te lo dejo a tí.

-Está bien, ¿vamos a tomar un helado a esa cafetería que está al lado de la biblioteca?

-Sí, me encanta esa cafetería. Ponen unas copas de helado buenísimas.- dice emocionada la chica, que ya no está tan nerviosa como antes.

-¿En serio? Yo nunca he estado allí. Hoy será la primera vez que iré.- contesta riendo ante el repentno entusiasmo de Natalia.

Ella también ríe. Y lo mira. Él también mira. Y le sonríe.

-Bueno, ¿vamos?-dice Nati.

-¿Eh? Claro, vamos.- responde, despertando de sus propios pensamientos. La quiere. Mucho. Piensa en ella. Solo en ella.

Casa de Karen

-Adiós, mamá, me voy a estudiar a la biblioteca con Diana.- le dice Karen a su madre, que está lavando los platos.

-Vale, pero no vuelvas tarde.

-No, tranquila. Hasta luego.- se despide de ella dándole un beso en la mejilla.

Karen sale por la puerta y se coloca los auriculares. Pone “La muda” de “Cali y el Dandee”.
Al ritmo de su música choni favorita, llega al chino del centro del pueblo, que se encuentra frente a la biblioteca.

viernes, 8 de julio de 2011

Capítulo 2: ¿A las cinco en el parque?

Riiiiiiiinggg!!! Suena el despertador.

En un arrebato de furia, Karen tira el despertador contra la pared rompiéndolo en pequeños trozos inservibles y sigue durmiendo.

No quiere saber nada más del instituto...Pero tiene que ir, solo queda una semana para las evaluaciones finales. En esta semana te juegas todo, todo. Meses y meses de esfuerzo se desvanecen en los temidos examenes finales. No quiere suspender por una semana, así que sin pensarlo, salta de la cama y recoge los restos de lo que era su despertador. Le tenía un cariño especial. Era un regalo de su tía, que se lo regaló con mucha ilusión. Con lo que es su tía, más vale que no se enterase del pequeño accidente. No dirá nada y se comprará uno parecido en los chinos, nadie lo notará.

Se arregla a toda prisa, le pilla el toro, y a primera toca exámen de historia. Da igual, seguro que aprueba, Karen nunca suspende. Está segura de sí misma y sabe todo lo que a estudiado esta semana. Está todo bajo control. Pero aún así...

Baja a la cocina, donde la esperán su madre, su padre y su hermano para desayunar. Cereales con leche. Perfecto. Hoy se queda sin desayunar, los odia. Ignora tanto los cereales como a su familia y después de un “¡Me voy!”, sale por la puerta y se encamina hacia el instituto. Aunque es por la mañana hace mucha calor, es primavera, pero la calor se empieza a hacer de notar, y mucho.

Entra por la gran puerta de barrotes. Aquello parecía una cárcel, todo rodeado de barrotes. La puerta daba a un gran porche donde se sentaban la mayoría de los alumnos hasta que empezaban las clases.

Pero ella busca a Diana y a Natalia. Ellas no se sientan en el incómodo porche. Siempre están en un pequeño rinconcito apartado del resto del recreo, rodeado de plantas y flores. Aquello era su rincón. De ellas y nadie más. En un año, se apoderaron de aquel sitio y nadie más se atrevía a acercarse allí. No es que diesen miedo, al contrario, quizás a la gente no le gustaba aquel sitio. Pero a ellas le encantaba y no jamás lo cambiarian por otro.
A lo lejos, ve a sus amigas, juntas, que entre risas y bromas tontas se acercan a ella.

-¡Holaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!- Grita la voz de Diana. Está loca, sin duda. Nunca se para a pensar lo que hace. Simplemente lo hace. Aunque sea la mayor locura que se le podría pasar por la cabeza. Pero le da igual, todo le da igual.

-Buenos días, señorita Karen. ¿Qué, cómo llevas el examen de historia?- Dice Natalia. Desde luego ella es la menos alocada de las tres. Es mucho más callada y tímida. En una conversación, si no era con ellas, ni siquiera hablaba. Callaba y escuchaba. No se atreve a intervenir. Pero entre ellas, las cosas son diferentes. Todas son ellas mismas, y era fantástico.

-Pues bastante bien, la verdad. Llevo estudiando toda la semana. Me lo se todo absolutamente, seguro que apruebo. ¿Y vosotras, qué tal?- Contesta Karen.

-Regular. Me da mucha pereza estudiar. Siento el verano en el ambiente, y eso hace que me desoriente.- Dice Natalia.

-Claro, excusas, excusas. Ya verás como suspendas. Yo no digo nada...- Le regaña Karen.

-Yo... Llevas razón, debería estudiar más. No, mejor lo dejo para el próximo año, ya no me merece la pena.- Reflexiona Natalia.

-Jajaja, eres un caso, Nati. Tú misma.- Dice Karen.

Durante toda la conversación, Diana se ha mantenido al margen del asunto.

-¿Te pasa algo?- Pregunta Karen, preocupada.

-¿A quién? ¿A mí?- Dice Diana desorientada.

-No. ¿A quién sino?- Vacila Natalia.

-Lo siento, estaba en mi mundo. Ya he vuelto a tierra. ¿Qué decíais?

No les da tiempo de continuar la conversación cuando suena la sirena que anuncia el comienzo de las clases, y el comienzo del examen de historia.

Entran en clase, se desean suerte y comienza la aventura. Al terminar, hablan sobre el examen y de las respuestas, como en cada examen. Ahora comienzan el resto de las clases. Aburridas, como siempre. Nada nuevo. Todo el mundo está cansado de la misma historia de siempre. Clases y más clases.

Hasta que llega la hora en la que un mágico sonido hace su aparición: el timbre. Los estudiantes se revolucionan, gritan, ríen, y poco a poco el instituto comienza a vaciarse. La gente se va a sus casas felices de poder irse de aquella cárcel de barrotes blancos. Las chicas siempre son las últimas. Y hoy, por no perder costumbre, también. Al salir por la puerta, se despiden y cada una toma su camino.


Natalia


Por fin salimos del instituto. Las horas parecen interminables. Esperas y esperas, pero nunca ves el momento de salir por la puerta.


Se me acerca Yosef. Más de una vez me han dicho que le gusto. Pero a mí no me gusta él, es raro. Jamás me liaría con él, no llegaría a tanto. Es alto, media melena, castaño, ojos verdes. No es feo, pero no me cae bien, a penas lo conozco.

-Hola, Natalia. ¿Qué tal?- Me dice con ese brillo que se le enciende al mirarme. Yo también creo que me quiere... No quiero contestarle, no tengo ganas de hablar con él, no estoy de humor.

-Hola, Yosef.- Digo tímidamente, mirando al suelo, tratando de que la tierra me trague. Es realmente lo que necesito, que me trague y no me traiga de vuelta.- Estoy bien, gracias.

-¿Qué tal las clases? ¿Cansada?- ¿Qué le importa a este cómo esté yo? Pff... no lo soporto.

-Un poco, ya sabes, lo normal.

-Claro, te entiendo, yo también estoy muy cansado. El examen de historia ha sido muy difícil y ni siquiera se si aprobaré. Creo que voy a hablar con el profesor para que me haga un examen de recuperación a ver si así apruebo al menos, porque...- bla, bla, bla. Claro, ¿y? Me limito a asentir con la cabeza, a ver si se aburre y se va a su casa.-¿Me estás escuchando?

-Sí, sí, tranquilo. Te estoy escuchando.- En realidad no, pero no importa.

-Bueno, yo ya me voy a mi casa.- Me dice de repente. No puedo ni creermelo.

-Vale, mañana nos vemos, adiós.

-Oye, ¿te apetece que quedemos esta tarde?- Me suelta así, como quien dice buenos días. ¿Y qué digo? Hago un repaso rápido de todas las excusas que se le pueden poner a una persona sin que se note mucho que pasas de ella, pero no viene ninguna a mi mente.

-Mmm...Vale.- Supongo que no quería decir eso, la he cagado.

-¿En serio?- Le brillan mucho los ojos. Qué mono.- ¿A las cinco en el parque del pueblo?- No es que haya muchos parques en el pueblo, así que es fácil reconocer cuál es cuál. La verdad es que me pilla al lado de mi casa, no puedo quejarme.

-Claro, luego nos vemos. Hasta luego.- “Luego nos vemos”. No quiero.

-Hasta luego, entonces. Cuídate.


Perfecto, he quedado con Yosef para ir al parque. Qué plan tan divertido, ¿no?.

miércoles, 6 de julio de 2011

Capítulo 1: Donde todo comienza

Comienza un nuevo curso. Karen, Natalia y Diana están ansiosas por comenzar. Nuevo instituto, nueva gente, nuevos profesores... En definitiva , un cambio de aires.
Es 7 de septiembre del 2010, el primer día de instituto. En sus casas , las chicas se arreglan comidas por los nervios. Se paran frente el armario y preguntan : “ ¿Qué me pongo ? “ . Es todo un dilema, desde luego. Es el primer día de clase, y deben de ir perfectas, causando buena impresión.
Hoy es día de presentaciones, saludos y miradas que observan detenidamente. Bien saben ellas que deben causar buena impresión a sus nuevos compañeros.
Llegan al instituto, cada una por su camino, no conocen a nadie y tampoco su destino.
Se preguntan quiénes serán sus nuevas amigas; su personalidad, su forma de ser…
Van dando tumbos por el pasillo, esperando a que comiencen las clases, escuchan gritos de júbilo y secretos contados en susurros .
Se encuentran, se observan, emiten sus propias críticas en silencio y ni siquiera imaginan que su destino será estar juntas .
Suena el timbre.
Se asustan. Tienen mucho miedo de enfrentarse a esta nueva situación.
Entran en clase. Su nuevo profesor da la bienvenida a los alumnos a medida que entran. Pasa Karen. Tiembla. Observa y es observada. El profesor Freddy la invita a sentarse. Karen recorre el pasillo de la clase bajo la atenta mirada de aquellos desconocidos que serían sus compañeros. Se sienta al final de la clase, en el único sitio que sabe que no va a ser observada. A pesar de sentarse al final, se sigue sintiendo observada, pero agacha la cabeza y disimula.
El profesor todavía no ha comenzado la clase, cuando entra Natalia. Muy segura de sí misma, abre la puerta de la clase. Al abrir, encuentra un montón de gente mirándola. Siente vergüenza y corre hasta el sitio más seguro de aquella clase, la última fila, junto a Karen. Se siente insegura, como Karen. Se miran la una a la otra, durante un instante, siendo interrupidas por la nueva alumna que acaba de llegar: Diana. Tras una corta conversación con el profesor, debido a su retraso, Diana pide disculpas y se sienta también en la última fila, junto a un chico que no conoce. Mientras Freddy , el profesor de Inglés se presentaba como nuevo tutor de la clase, todos hablaban y se conocían. Diana se presentó a Lucas, su nuevo compañero, que le parecía muy interesante y simpático. Así que ya comenzaba a hacer amistades allí.
Mientras, tanto, Karen y Natalia también se conocían y compartían anécdotas juntas.
Todas las clases fueron igual. Presentaciones y más presentaciones. A la hora del recreo estuvieron solas, ya que todavía no encontraban su sitio en el instituto. Se sentían muy solas e inseguras, hasta que empezaron a conocerse día a día. Al principio había un silencio incómodo entre ellas, pero después se fueron uniendo y conociéndose más, hasta ser lo que son ahora.
Así transcurrieron los primeros días de curso en la vida de estas chicas. Pero ahora, nueve meses después, esos momentos de angustia y soledad quedaron en el pasado, siendo recordados como los primeros días de una nueva e indestructible amistad.

martes, 5 de julio de 2011

Introducción

Diferentes pero iguales, con ese brillo especial que las hace inconfundibles; siempre unidas, tanto en las alegrías como en los abismos de este sueño al que solemos llamar vida.

Son ellas, tres amigas del alma, conocidas desde siempre, que se reencuentran en el inicio de un nuevo curso. Esta vez en el instituto, en un mundo cargado de nuevas sopresas.

Después de un largo y difícil año, por fin comienza el verano. ¡Diversión, vacaciones, salidas...! Pero este año, el verano no va a ser tan fácil para estas adolescentes.
Deberan enfrentarse a nuevas amistades, confusiones, engaños, nuevos mundos y retos que les harán plantearse su propia vida, pero a la vez las unirá más y las hará más fuertes.

Será un verano inolvidable, sin duda alguna.