Riiiiiiiinggg!!! Suena el despertador.
En un arrebato de furia, Karen tira el despertador contra la pared rompiéndolo en pequeños trozos inservibles y sigue durmiendo.
No quiere saber nada más del instituto...Pero tiene que ir, solo queda una semana para las evaluaciones finales. En esta semana te juegas todo, todo. Meses y meses de esfuerzo se desvanecen en los temidos examenes finales. No quiere suspender por una semana, así que sin pensarlo, salta de la cama y recoge los restos de lo que era su despertador. Le tenía un cariño especial. Era un regalo de su tía, que se lo regaló con mucha ilusión. Con lo que es su tía, más vale que no se enterase del pequeño accidente. No dirá nada y se comprará uno parecido en los chinos, nadie lo notará.
Se arregla a toda prisa, le pilla el toro, y a primera toca exámen de historia. Da igual, seguro que aprueba, Karen nunca suspende. Está segura de sí misma y sabe todo lo que a estudiado esta semana. Está todo bajo control. Pero aún así...
Baja a la cocina, donde la esperán su madre, su padre y su hermano para desayunar. Cereales con leche. Perfecto. Hoy se queda sin desayunar, los odia. Ignora tanto los cereales como a su familia y después de un “¡Me voy!”, sale por la puerta y se encamina hacia el instituto. Aunque es por la mañana hace mucha calor, es primavera, pero la calor se empieza a hacer de notar, y mucho.
Entra por la gran puerta de barrotes. Aquello parecía una cárcel, todo rodeado de barrotes. La puerta daba a un gran porche donde se sentaban la mayoría de los alumnos hasta que empezaban las clases.
Pero ella busca a Diana y a Natalia. Ellas no se sientan en el incómodo porche. Siempre están en un pequeño rinconcito apartado del resto del recreo, rodeado de plantas y flores. Aquello era su rincón. De ellas y nadie más. En un año, se apoderaron de aquel sitio y nadie más se atrevía a acercarse allí. No es que diesen miedo, al contrario, quizás a la gente no le gustaba aquel sitio. Pero a ellas le encantaba y no jamás lo cambiarian por otro.
A lo lejos, ve a sus amigas, juntas, que entre risas y bromas tontas se acercan a ella.
-¡Holaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!- Grita la voz de Diana. Está loca, sin duda. Nunca se para a pensar lo que hace. Simplemente lo hace. Aunque sea la mayor locura que se le podría pasar por la cabeza. Pero le da igual, todo le da igual.
-Buenos días, señorita Karen. ¿Qué, cómo llevas el examen de historia?- Dice Natalia. Desde luego ella es la menos alocada de las tres. Es mucho más callada y tímida. En una conversación, si no era con ellas, ni siquiera hablaba. Callaba y escuchaba. No se atreve a intervenir. Pero entre ellas, las cosas son diferentes. Todas son ellas mismas, y era fantástico.
-Pues bastante bien, la verdad. Llevo estudiando toda la semana. Me lo se todo absolutamente, seguro que apruebo. ¿Y vosotras, qué tal?- Contesta Karen.
-Regular. Me da mucha pereza estudiar. Siento el verano en el ambiente, y eso hace que me desoriente.- Dice Natalia.
-Claro, excusas, excusas. Ya verás como suspendas. Yo no digo nada...- Le regaña Karen.
-Yo... Llevas razón, debería estudiar más. No, mejor lo dejo para el próximo año, ya no me merece la pena.- Reflexiona Natalia.
-Jajaja, eres un caso, Nati. Tú misma.- Dice Karen.
Durante toda la conversación, Diana se ha mantenido al margen del asunto.
-¿Te pasa algo?- Pregunta Karen, preocupada.
-¿A quién? ¿A mí?- Dice Diana desorientada.
-No. ¿A quién sino?- Vacila Natalia.
-Lo siento, estaba en mi mundo. Ya he vuelto a tierra. ¿Qué decíais?
No les da tiempo de continuar la conversación cuando suena la sirena que anuncia el comienzo de las clases, y el comienzo del examen de historia.
Entran en clase, se desean suerte y comienza la aventura. Al terminar, hablan sobre el examen y de las respuestas, como en cada examen. Ahora comienzan el resto de las clases. Aburridas, como siempre. Nada nuevo. Todo el mundo está cansado de la misma historia de siempre. Clases y más clases.
Hasta que llega la hora en la que un mágico sonido hace su aparición: el timbre. Los estudiantes se revolucionan, gritan, ríen, y poco a poco el instituto comienza a vaciarse. La gente se va a sus casas felices de poder irse de aquella cárcel de barrotes blancos. Las chicas siempre son las últimas. Y hoy, por no perder costumbre, también. Al salir por la puerta, se despiden y cada una toma su camino.
Natalia
Por fin salimos del instituto. Las horas parecen interminables. Esperas y esperas, pero nunca ves el momento de salir por la puerta.
Se me acerca Yosef. Más de una vez me han dicho que le gusto. Pero a mí no me gusta él, es raro. Jamás me liaría con él, no llegaría a tanto. Es alto, media melena, castaño, ojos verdes. No es feo, pero no me cae bien, a penas lo conozco.
-Hola, Natalia. ¿Qué tal?- Me dice con ese brillo que se le enciende al mirarme. Yo también creo que me quiere... No quiero contestarle, no tengo ganas de hablar con él, no estoy de humor.
-Hola, Yosef.- Digo tímidamente, mirando al suelo, tratando de que la tierra me trague. Es realmente lo que necesito, que me trague y no me traiga de vuelta.- Estoy bien, gracias.
-¿Qué tal las clases? ¿Cansada?- ¿Qué le importa a este cómo esté yo? Pff... no lo soporto.
-Un poco, ya sabes, lo normal.
-Claro, te entiendo, yo también estoy muy cansado. El examen de historia ha sido muy difícil y ni siquiera se si aprobaré. Creo que voy a hablar con el profesor para que me haga un examen de recuperación a ver si así apruebo al menos, porque...- bla, bla, bla. Claro, ¿y? Me limito a asentir con la cabeza, a ver si se aburre y se va a su casa.-¿Me estás escuchando?
-Sí, sí, tranquilo. Te estoy escuchando.- En realidad no, pero no importa.
-Bueno, yo ya me voy a mi casa.- Me dice de repente. No puedo ni creermelo.
-Vale, mañana nos vemos, adiós.
-Oye, ¿te apetece que quedemos esta tarde?- Me suelta así, como quien dice buenos días. ¿Y qué digo? Hago un repaso rápido de todas las excusas que se le pueden poner a una persona sin que se note mucho que pasas de ella, pero no viene ninguna a mi mente.
-Mmm...Vale.- Supongo que no quería decir eso, la he cagado.
-¿En serio?- Le brillan mucho los ojos. Qué mono.- ¿A las cinco en el parque del pueblo?- No es que haya muchos parques en el pueblo, así que es fácil reconocer cuál es cuál. La verdad es que me pilla al lado de mi casa, no puedo quejarme.
-Claro, luego nos vemos. Hasta luego.- “Luego nos vemos”. No quiero.
-Hasta luego, entonces. Cuídate.
Perfecto, he quedado con Yosef para ir al parque. Qué plan tan divertido, ¿no?.
Me ha gustado muxo este capitulo ;D
ResponderEliminarEspero el siguiente con ilusión.
Besos. ;)
Muchas gracias, Ana. Gracias también por estar siempre ahí apoyándonos :)
ResponderEliminarme encanto este capitulo, ya quiero el siguiente para saber que paso en el parque!!!!
ResponderEliminary felicidades porque estais consiguiendo ua buena historia de adolescentes!!!
:)
Muuuchisimas gracias por tu opinion, Lucia;)
ResponderEliminar